En mi la inconsciencia,
los malos pensamientos,
los horrores declarados.
En mi la memoria,
que todo lo nuevo le escapa
y eterna dormida no recuerda.
En mi el punzante ser,
de cabeza de alfiler,
que todo rehuye ,
cabeza contra piel,
En mí tu mano y tu alo en mi alma,
Para siempre junto la luz de tus ojos,
huyendo de inclementes miradas.
Ya no corre sin sentido, ya a nada teme, ya nada le daña.
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