La condena en la calma,
ni la tormenta se digna a mostrarse.
El odio en el amor,
la vida ni siquiera quiere acercarse.
¿Cuanto cielo azul va a quedar
cuando la sangre deje de llorar?
¿Tendrá lugar donde estar
cuando decida regresar?
No cambio la manera,
no decidió las formas
para poder abrigarse.
Desde aquí puede
lamentar lo que nunca llegó.
Y llorar y llorar...
Fue un instante de ciego,
agrio, espeluznante desatino.
Y olvidar y olvidar... y olvidarse.
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