Y por momentos la roca se dejó imaginar esponja de mar.
Los horrores y dudas se disfrazaron de caricias y abrazos.
El cielo libre y azulado, pensaste: las nubes te quieren abrazar.
Oneroso trabajo este de la vida feliz, del deseo de sentir.
Duermo encausado en mil juicios,
desespero esperando mil condenas,
despierto rodeado de ellas.
Y trituraría mi corazón entre limones
si con ello pudiera levantarme tarde.
Consumido, consumiendo sabores de vacíos,
acompañándome con copas de vino
fingidas como gran acompañante
para un momento de iluso
borracho insolente.
Y sigo hambriento perdido, podrido de insolencias huidas.
Que inquina mas irreal, los oídos ya se cansan de escuchar.
La mente saluda de una parte a la otra, la mas cercana,
la inquietante, la que susurra canciones eternas sin letra.
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