Y me escucho:
No se tienen en cuenta los designios, las evidencias, las correas que transmiten los sentimientos por los que nos deberíamos dirigir: estamos demasiado ensimismados por los comportamientos aprendidos desde nuestra niñez.
¿Es posible limpiar nuestra alma? ¿Es posible soñar con otro interior de base? ¿Es posible re-modelar la escayola interna que nos domina?
La proyección externa que mostramos no es más que una realidad dominada por la inercia moldeada de nuestras entrañas: cada palabra, cada gesto, no es mas que una salida de miedo hacia la realidad que percibimos, como un perfecto horror del que, si pudiéramos, sería preferible escapar.
Entonces el miedo no nos deja reaccionar, y como ante un felino que nos quiere atacar, permanecemos quietos, inertes, sin reaccionar. Simplemente, viendo el tiempo pasar, viendo el mundo acabar.
Y mis ojos se cierran llorosos, mis brazos se caen, mis manos sin fuerza, mis piernas apenas me mantienen en pie, mi cerebro bordea los límites de la locura: la piel fría, el corazón aun late, confundido.
Ahora solo queda pensar.
No se tienen en cuenta los designios, las evidencias, las correas que transmiten los sentimientos por los que nos deberíamos dirigir: estamos demasiado ensimismados por los comportamientos aprendidos desde nuestra niñez.
¿Es posible limpiar nuestra alma? ¿Es posible soñar con otro interior de base? ¿Es posible re-modelar la escayola interna que nos domina?
La proyección externa que mostramos no es más que una realidad dominada por la inercia moldeada de nuestras entrañas: cada palabra, cada gesto, no es mas que una salida de miedo hacia la realidad que percibimos, como un perfecto horror del que, si pudiéramos, sería preferible escapar.
Entonces el miedo no nos deja reaccionar, y como ante un felino que nos quiere atacar, permanecemos quietos, inertes, sin reaccionar. Simplemente, viendo el tiempo pasar, viendo el mundo acabar.
Y mis ojos se cierran llorosos, mis brazos se caen, mis manos sin fuerza, mis piernas apenas me mantienen en pie, mi cerebro bordea los límites de la locura: la piel fría, el corazón aun late, confundido.
Ahora solo queda pensar.