Estudiamos todas las palabras, sincronizamos nuestras posturas y oteamos el horizonte, llamamos, con dolor infinito, lo que nos fue arrebatado.
Nos encontramos recitando, en mil idiomas, mil maneras de ser que no entendemos, entonamos suplicas al viento de nuestra inocencia.
Intentamos entender el odio que en ocasiones nos gobierna y nos divierte, nos miramos al espejo de la duda, creciendo el placer del temer.
El camino fue largo, la noche, en alguna ocasión, se hace eterna.
La simplicidad es tan inmediata que nadie la entiende, la navaja se desvanece.
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