jueves, 5 de abril de 2012

Un sentimiento

En las noches más vacías, en los días más tristes siempre están ahí, las palabras dichas y que no se quieren escuchar, en cualquier lugar, siempre solo aun en compañía.

Se dijeron y nunca se olvidan, la tinta vertida y convertida en mil millones de cenizas siempre reaparecen en tu cabeza, recordándote la incapacidad de acallar los miedos y las verdades que pretendes perder, pequeños reyes de un reino ya perdido.

Y yo soñaba con dejar de soñar cada día, en esas noches en esos días, cada día.

Corriendo por calles inexistentes donde la luz es limpia y el pasado ha sido futuro, y el futuro es presente y todo es  ligero y real, mentirosos días de oro y miel, reales por la realidad de los sentimientos.

Y yo soñaba con soñar cada día con esas calles y con la ligereza en mi espalda.

Y ahora miro hacía arriba y las estrellas me parecen preciosas, alejadas y perdidas, como mi cabeza me grita en enloquecidos berridos, como quizá a mi inconsciente inconsciencia me pide y me súplica, aléjate y piérdete.

Y yo soñaba con la cara que no se ve, donde nadie y a nadie puedes ver.

Los tiempos de la esperanza se difuminan, minuto a minuto, segundo a segundo, todo parece perdido en esta parte de la cara, y yo... yo nunca he estado en la cruz.

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